Columna publicada en NotiCel el 21 de octubre de 2025
La violencia económica es una forma de violencia doméstica que muchas veces pasa inadvertida. No deja moretones ni marcas visibles en el cuerpo, pero puede tener un impacto profundo y marcar la autoestima y la salud mental de quien la vive.
Este tipo de violencia ocurre cuando una persona busca controlar, limitar o manipular el acceso al dinero, los bienes o las decisiones financieras de la otra. Puede manifestarse de distintas maneras: impedir que la pareja trabaje o estudie, exigir control total de los ingresos, ocultar información económica, hacer compras o deudas sin consentimiento, o utilizar el dinero como castigo o recompensa. En todos los casos, el objetivo es el mismo: ejercer poder y control sobre la otra persona.
Una de las creencias más comunes, y a la vez equivocada, es pensar que si una persona gana más o tiene más recursos, es “normal” que sea quien decida todo en la relación y tenga el control del dinero. Esta idea refuerza desigualdades y convierte el dinero en una herramienta de dominación, cuando debería ser un medio de colaboración. En una relación sana, las decisiones económicas se conversan, se planifican y se toman en conjunto, respetando la autonomía de ambas partes.
La violencia económica puede presentarse en todos los niveles socioeconómicos. A veces la víctima depende completamente de la otra persona para sobrevivir; otras veces, aunque tenga ingresos propios, el control económico se ejerce mediante manipulación emocional, miedo o culpa. En ambos casos, la persona afectada puede sentirse atrapada, insegura o incapaz de tomar decisiones por sí misma.
Desde la perspectiva de la salud mental, vivir bajo este tipo de control puede generar malestar emocional significativo que incluya síntomas de depresión, ansiedad, sentimientos de inutilidad y aislamiento. Por eso, identificar la violencia económica es un paso crucial para romper el ciclo.
Salir de esa situación no siempre es fácil, pero sí posible. Algunas estrategias útiles incluyen:
- Reconocer las señales: si no puedes acceder libremente a tu dinero, si te hacen sentir culpable por gastar o si todo debe pasar por la aprobación del otro, eso no es normal.
- Buscar apoyo profesional: la ayuda psicológica es fundamental para fortalecer la autoestima, validar lo que se siente y planificar los próximos pasos con seguridad.
- Informarte sobre tus derechos: existen recursos legales y organizaciones en Puerto Rico que ofrecen orientación gratuita y confidencial.
- Crear una red de apoyo: hablar con familiares, amistades o profesionales de confianza puede ayudar a disminuir el miedo y la sensación de soledad.
- Planificar con calma: si hay riesgo o dependencia económica, es importante elaborar un plan de salida seguro, con ayuda de especialistas o líneas de apoyo.
La violencia económica no siempre se ve, pero deja huellas profundas que pueden impactar la vida negativamente. Hablar de ella es necesario para visibilizarla, prevenirla y reafirmar que el amor y el respeto no se demuestran controlando, sino acompañando en respeto, apoyo y libertad.
Promover la independencia económica, la educación financiera y el respeto mutuo son también formas de cuidar la salud mental y emocional. Nadie debería sentir que su valor depende del dinero o del control de otra persona. La libertad —económica, emocional y personal— es parte esencial de una relación sana.